1 de septiembre de 2010

La Primera Comunidad Online del Callao


Dentro de poco lanzaremos oficialmente nuestro lugar en la web. La Primera y Única Comunidad Online del Callao. Hasta ahora, hemos compartido muchas inquietudes y vicisitudes en nuestra etapa de ‘prueba’. Nos sigue sobrecogiendo la buena respuesta de quienes nos ven, nos leen, nos oyen y nos escriben. Hoy queremos agradecerles todas las muestras de cariño y afecto que hemos recibido de parte de ustedes y queremos retribuirlas con una seria propuesta interactiva que no tiene porque ser “muy técnica” ni “aburrida”.
Creemos que una propuesta participativa es buena cuando se sustenta en la identidad de un pueblo, cuando se apoya en sus puntos fuertes, cuando es pertinente para la vida de aquellos para los que está dirigido, cuando es coherente, cuando es simple y cuando genera espacios de participación.
Por eso CHALACOS es una puerta abierta, una galería, una sala de espera, un bar, un museo,... al cual todos pueden entrar y acomodarse como mejor le parezca, conversar, compartir y conocer experiencias.
Crear un portal web, como el que pronto presentaremos, no es fácil, se necesita dinero para hacerlo, pero principalmente tiempo para dedicarse a él. Nuestras motivaciones no son económicas, pero no nos vendría nada mal el auspicio de alguna empresa o institución cultural. Pero, sobre todo, necesitamos gente dispuesta a llenar las paredes y los rincones vacios de este nuevo espacio.
Esperamos crear una comunidad activa, propositiva y lograr que CHALACOS, un espacio que pretende ser ‘Muchos más que una web!, se convierta en un agradable recorrido por lo mejor del Callao y de los buenos Chalacos.
Muchas Gracias y estemos atentos.

20 de agosto de 2010

¡Feliz Aniversario Callao!

Hay varias formas de conocer El Callao. La más sencilla es hacer un recorrido por sus innumerables calles, plazas, parques, monumentos históricos, playas y atractivos. Pero eso, en verdad, es solamente un conocimiento aparente, superficial, una revisión territorial de su espacio y lugar. El Callao es otra cosa. O mejor dicho son muchas cosas más.
Por un lado, casi nunca cumplida por nuestros ‘representantes’ -aunque parezca increíble-, es tener una noción clara de su origen y naturaleza como ciudad, como Provincia Constitucional. ¿Cómo se formó? y ¿bajo qué circunstancias? Es decir, haber analizado desde sus inicios, su proceso histórico.
Por otro lado, el menos explorado, aunque en verdad, el más importante, es saber que, el Callao es su gente. Y cuando digo esto, no me estoy refiriendo a cifras, números o a los escuetos datos que se consignan en el Registro Civil, el Reniec o el Jurado Nacional de Elecciones. Me refiero esencialmente a esa masa de hombres, mujeres, jóvenes y niños chalacos que forman parte de este recipiente multiétnico, en donde confluyen todas las sangres de nuestra sociedad y en el que el sentimiento de pertenencia cada vez se hace más fuerte. El Callao es la suma de todos los chalacos.
Hay algo en la conjunción de ese Callao y de sus hijos, de sus sueños y esperanzas, que hoy llena mi alma como en un día de fiesta. ¡Feliz 174º Aniversario Callao!

13 de agosto de 2010

A propósito de un nuevo Aniversario



Los periodistas corremos el riesgo de creer que sólo las ‘autoridades’ tienen algo que decir y que sólo es importante lo que ellos hacen o piensan. Tanto es así que únicamente prestamos atención a las declaraciones de algunos “personajes”, condenando al silencio la voz de miles de mudos, de aquellos que no tienen posibilidad de ofrecer a los demás su propia palabra.
El Callao, que se prepara a celebrar 174º años de Autonomía Política, es conocido por miles y miles de personas. Tal vez millones, pero pocos han tenido la ocasión de confrontar directa y personalmente sus misterios, sus contrastes y paradojas. Esta semana decidí hacerlo.
Sentí el 'bichito' de la vocación, cogí mi chaleco, una mochila y me interné en una extensa zona agrícola denominada El Ayllu. Un pueblo jóven ubicado exactamente a espaldas del Aeropuerto Internacional Jorge Chávez, y me llevé tamaña sorpresa. Progreso y retroceso juntos.
La realidad de El Ayllu impacta. Es un pueblo chalaco aferrado a sus raíces y que se resisten a desaparecer a pesar de que sufren la peor de las postergaciones y su condición actual es la de: 'erradicables'. Un insólito acuerdo entre el Estado y la empresa administradora del aeropuerto Lima Airport Partners (LAP), planean construir en esa zona la segunda pista de aterrizaje, concretando allí su plan de 'modernización y progreso' dizque 'para el beneficio de todos los peruanos'.
El Ayllu tiene una mistica especial y es que a pesar de estar inmersa en la 'modernización' del Callao tiene toda la esencia de un pueblito de provincia. Si su presente y futuro son inciertos, su pasado, al menos, resulta muy claro: son descendientes de los trabajadores de 'San Agustín' una de las haciendas que al igual que, Márquez, Bocanegra, Taboada, Santa Rosa y Oquendo, se dedicaban al cultivo de caña de azúcar, maíz y algodón hasta los inicios del siglo XX.
Décadas de abandono, indiferencia y exclusión han hecho de El Ayllu un lugar donde ‘no vive nadie’, donde las voces son tan pocas que son pisadas, donde no existe agua potable ni alcantarillado, en donde no hay desagüe ni vías asfaltadas. Un pueblo consumido por sus propios recuerdos y el triste olvido. El retraso viene de la mano de quien se supone debería protegerlos: El Estado, que ignora por completo la existencia de las más de 600 familias que hoy viven en El Ayllu.
Un completo informe sobre la angustia con la que viven nuestros hermanos de El Ayllu será publicado pronto en un nuevo medio de circulación regional y solo espero que sirva para que podamos reflexionar y conocer una realidad que busca ser cambiada y que debería ‘tocarnos’ a todos, al menos cuando estamos cerca de un nuevo Aniversario del Callao. Estemos atentos.

10 de agosto de 2010

El Circus de los Candidatus




Imaginemos que se inventa la máquina para leer la mente ajena, y resulta de pronto posible conocer las motivaciones y los deseos más íntimos de alguien que ‘nos palabrea’ desde un pulpito o desde un estrado. La política cambiaria radicalmente y los políticos –en especial los candidatos- tendrían que reducir a cero la distancia que han tenido entre lo que dicen y lo que en realidad persiguen.
Más de 600 mil chalacos concurrirán este 03 de octubre a participar en los comicios regionales y municipales, para elegir entre los más de 1,000 candidatos que pugnan por ocupar el sillón de regidores, consejeros, alcaldes o presidente regional.
Actores, salseros, peloteros, comerciantes y otros ‘personajes’, absolutamente desconocidos -sin oficio ni beneficio-, se empeñan diariamente, con uñas y dientes, por obtener un lugar, si no en la historia del Callao, al menos en las oficinas de alguno de sus municipios o del gobierno regional.
¿Qué hay detrás del tan mentado afán por servir a la comunidad? Difícil de saber, aunque siempre hay pistas o maneras de intuir hacia a donde apuntan ciertos candidatos. Sobre todo cuando se ve que a última hora a más de uno le da lo mismo estar en una lista o en otra, y terminan cambiando de camiseta como si nada hubiera pasado. O cuando se ve que listas completas llegan a inscribirse sin reunir los mínimos requisitos básicos estipulados por ley. O cuando un ‘perfecto conocido’ aparece como candidato en un distrito que, todos sabemos, no es el suyo.
No se ha inventado aún la máquina para leer la mente ajena, pero, como digo, siempre hay pistas, hay indicios y en muchos casos evidencias directas de lo que muchos persiguen. Al respecto, nunca pierde vigencia esa famosa sentencia bíblica por la cual a las personas se les conoce por sus frutos. Entonces habría que desconfiar, en primer lugar, de quienes nunca han hecho nada por su distrito y sus vecinos, o los que lo hacen con gran despliegue publicitario y solo en época electoral. O peor aún, de los que nunca han vivido en el lugar al que postulan.
Parece imposible –por lo menos en estos últimos días- desmontar el circo, del oportunismo, de la improvisación y del afán de lucro que se manifiesta cada día con más notoriedad y alejarlo de algo tan importante y decisivo como es la elección democrática de nuestras autoridades. El espectáculo, por otro lado, anima diversos grados de ánimo. A veces da pena -mucha pena-, otras veces genera risa y por lo general carcajadas (como todo buen circo).
Pero no hay que olvidar que toda regla tiene excepciones y que nunca se debe generalizar. Separemos entonces la paja del buen trigo y tengamos bien presente que las personas que salgan elegidas tendrán en sus manos la posibilidad – que muchos han desperdiciado- de cambiar el rostro de su barrio o comunidad o de buscar el desarrollo de su zona y la del Callao en general.

20 de julio de 2010

¡Somos libres...seámoslo siempre!

" Somos libres, seámoslo siempre, y antes niegue sus luces el sol, que faltemos al voto solemne, que la patria el Eterno elevó..." Hincho el pecho y con la mano en el corazón entono el coro de nuestro himno nacional y hoy, que estamos a puertas de celebrar un nuevo aniversario patrio, reflexiono sobre nuestra libertad. ¿Somos libres? ¿Libres?...¿Para qué?.
Somos libres para renegar y maldecir por todo aquello que no nos parece bien. Somos libres para levantar nuestra voz de protesta y el dedo acusador (desde la comodidad de nuestro hogar u oficina). Somos libres para elegir y para aceptar o desistir de ser elegido. Somos libres para tirar la primera piedra…y la segunda y la tercera (Y esconder la mano). Somos libres para hacer proselitismo y gritar arengas por el candidato que mejor nos parezca (o convenga). Somos libres para el inconformismo y las rabietas. Somos libres para el desanimo, el pesimismo, la depresión y la pereza.
Somos libres para pregonar nuestras ideas y hasta para desacreditar la de los demás. Somos libres para desearle el mal a nuestros gobernantes. Somos libres para desinformar, para confundir y hasta para mentir deliberadamente. Somos libres para olvidarnos constantemente de nuestros deberes (pero tener –siempre- bien presente nuestros derechos). Somos libres para negar la existencia de Dios apelando al simple argumento de que Él no permitiría tantas desgracias y miserias. Somos libres para exigir, para ser quisquillosos, para ser meticulosos y hasta ridículos en nuestras posturas. Somos libres para ser mezquinos, intolerantes y agresivos.
Somos libres para educar a nuestros hijos como mejor nos plazca (aunque sepamos que con nuestro ejemplo lo maleducamos). Somos libres para ensuciar las calles, pasarnos la luz roja, llegar siempre tarde a nuestros compromisos y hasta para ‘coimear’ a nuestras autoridades. Somos libres para ser presos de la dureza de corazón, de los recelos para entregar afectos. Somos libres para la insensibilidad, la falta de solidaridad y la indiferencia. Somos libres para ser rencorosos o vengativos. Libres para faltar a nuestra propia palabra y olvidarnos de nuestras promesas. Somos libres para maltratar a nuestros padres, deshonrarlos y hasta para humillarlos. Somos libres para gastar más de lo que ganamos, comprar más de lo que necesitamos y endeudarnos más de lo que podemos pagar.
Pero también somos libres para admirar el talento, alentar la creatividad y respetar a los demás. También somos libres para reconocer las buenas obras, los buenos tratos y la disposición de servicio. Somos libres para ser agradecidos con aquellos que se esmeran por atendernos bien y satisfacer nuestras necesidades. Somos libres para destacar y admirar a cientos de bomberos, rescatistas y voluntarios a la hora de una desgracia o accidente. Somos libres para emprender esfuerzos, grandes o pequeños, o para sumarnos y aportar al esfuerzo de otros. Somos libres para abrazar el buen humor, el positivismo y hasta para reírnos de nosotros mismos.
También somos libres para exigirnos menos informalidad, para comprometernos con nuestros deberes y para la responsabilidad ciudadana. Somos libres de reconocer que en medio de tanta indiferencia, siempre hay uno (a veces más), que hacen la diferencia. Somos libres de derramar lágrimas ante el dolor y la muerte. Somos libres para atuar en favor del más necesitado. Libres para agradecerle a Dios de que estemos vivos y que nuestros familiares aún nos acompañen. Somos libres para tratar cada día de ser mejores personas. Libres para darle a nuestros hijos y seres queridos mayor calidad (y calidez), de tiempo. Somos libres para amar y dejarnos amar. Libres para perdonar y olvidar las ofensas. Libres para corregir nuestros propios errores y para impedir que otros los cometan.
Felizmente, somos libres para liberarnos de aquello que nos hace esclavo de nuestra soberbia: La ignorancia.
"Largo tiempo el peruano oprimido, la ominosa cadena arrastró; condenado a una cruel servidumbre largo tiempo, largo tiempo, largo tiempo en silencio gimió..."
¡Felices Fiestas Patrias!

20 de febrero de 2010

Marcas Invisibles


Hace unos días sufrí un accidente dentro de un taxi en el Callao. Por suerte nada grave: contusiones leves, algunos rasguños y un tremendo susto.
Tras algunos minutos de trayecto y mientras ojeaba el periódico del día, el taxista (que llevaba gorra y lentes oscuros) desvió la ruta habitual que siempre tomo para llegar a mi oficina. Al percatarme, me asusté, me invadió el miedo y reaccione mal. Me exasperé. Exigí que detuviera el auto mientras hacía vanos esfuerzos por desabrocharme el cinturón de seguridad y lograr abrir la puerta.
Me pareció un intento de asalto. Un desvío calculado para encontrarse con otros sujetos y despojarme de mis pertenencias. Nada fue así. Todo no fue más que una equivocación de mi parte. El taxista, a quien recién pude mirar a los ojos, después del incidente, era un hombre bastante mayor, de unos 60 ó 65 años de edad aproximadamente. Un hombre muy sereno y tolerante, a quien –aún sin recordar su nombre- agradezco sinceramente por haber estado siempre dispuesto a calmar y entender mi confusión.
Tal vez usted no logre entender mi proceder, tal vez le haya causado gracia esta historia o simplemente le resulte fantasiosa y hasta puede que exagerada. Lo cierto es que fue real, me ocurrió hace unos días y más bien, le aseguro, que omito varios detalles más del suceso para no convertirlo en una telenovela.
Incidentes como este hacen pensar, y ahora que han pasado algunos días del hecho he tenido tiempo para organizar un poco mis ideas. Una de las cosas que surgen cuando pasa algo como esto, suele ser evaluar el resultado: si fue grave o no, si dejó consecuencias o no, si quedarán marcas en alguna parte de nuestro cuerpo, etc. Y, en segundo lugar, el resultado se compara con 1) lo peor que podría haber sido, y 2) lo grave que es en comparación con la situación de otras personas.
Cuando uno ve que otras personas están en peores situaciones o condiciones, uno pone su problema en perspectiva menor y relativiza. Por lo tanto con estos pensamientos en mente y con los comentarios de mi entorno en la misma línea, me pase una buena cantidad de horas racionalizando el tema.
Pero aún así, pasé unas noches sin poder dormir bien, sintiendo una mezcla de sensaciones raras, mucha angustia y montañas rusas de emociones durante el día. ¿Por qué? ¿De dónde venían?
Hace unos años atrás. Unos 8 o tal vez 10 años atrás sufrí un asalto, un secuestro y robo dentro de un taxi. ¿La modalidad? El conductor desvío la ruta con engaños y se estacionó en un lugar de donde tres sujetos armados y violentos abordaron el vehículo. Me golpearon, me vendaron los ojos y me hicieron creer que ese sería el último día de mi vida. Es indescriptible el miedo que experimenté durante las dos horas que estuvieron atacándome física y psicológicamente. Ore, lloré, y suplique por mi vida durante ¡dos horas! Finalmente, me soltaron, me dejaron solo, maltrecho, ensangrentado, sin zapatos y sin dinero en un descampado sucio y abandonado de Los Olivos. El resto ya es otra historia.
El viernes por la mañana, a poco de despertarme, lo entendí –fue el miedo, el recuerdo de lo vivido lo que activo el gatillo- Ese fragmento de segundo donde sentí que todo volvía atrás y que mi vida dependía de mi permanencia en aquel auto.
Luego del susto, de la confusión y de la posterior evaluación de mi proceder en el Callao. Me quede pensando, en cuanto de todo lo que hemos vivido se nos queda dentro. Aquello que nos marca, tal vez, para siempre. Son heridas psicológicas que están presentes todos los días pero que no se ven. Nadie las ve, pero allí están. Y que, además, sin saberlo, intentamos ignorar o desaparecer.
Parece que entender esta herida interna y aceptarla me ha dado paz, más tranquilidad. No es porque una cosa no se vea que no exista. Y tengo la impresión que minimizar o poner en segundo plano las heridas o marcas que no se ven, no es emocionalmente sano. Es mucho mejor, entender y aceptar para luego compartir y seguir adelante.
Anoche dormí mejor.

5 de febrero de 2010

Felizmente Soy Chalaco

Este video recoge algunas imagenes del Callao. La canción fué pensada y creada, precisamente, para El Callao, para fortalecer el orgullo y el sentimiento de pertenencia de la juventud chalaca. Es propiedad de www.chalacos.com.pe , la interpreta Licky Moreno y estamos seguros que pronto se convertirá en el himno de nuestros niños y jóvenes porteños. Ya suena en nuestra radioOnline y hay una propuesta interesante para la realización de un videoclip oficial de este tema. Dele Click en Play y disfrutelo!!!